HISTORIAS DE CORRUPCIÓN
AUGUSTO B. LEGUÍA
“El oncenio” (1919 – 1930) del dictador Leguía fue el periodo de
mayor corrupción del siglo XX, solo comparable con la década fujimorista de
1990. Sobornos, “comisiones”, espionaje, torturas, reelecciones amañadas. Todo
un coctel que suena tan actual.
En la última elección municipal limeña, una pregunta maniquea de la
encuestadora Datum puso de moda la frase “roba pero hace obra”. No obstante,
esto no es nada nuevo en nuestra corrupta historia republicana. Tal parece ser
el hado de muchos gobernantes (otros solo roban).
Al que nos referiremos hoy, fue de los que mejor encarnaron tan
triste adagio: Augusto Bernardino Leguía y Salcedo, quien con un récord de 15
años, es el hombre qué más tiempo ha gobernado este suelo.
A inicios de 1863, agonizaba el general San Román, siendo presidente
del Perú. Al mismo tiempo, en Lambayeque, en una casona de la calle Atahualpa,
María del Carmen Salcedo Taforó paría al que sería considerado el hombre más
grande del siglo por sus beneficiados aduladores. Dieciocho años después
Augusto Bernardino —nombre reducido a simplemente ‘B’ para la posteridad—
participaría en la batalla de Miraflores.
CORRUPTELAS
Luego de la guerra, Leguía hizo fortuna en la caña de azúcar, y
trabó excelentes relaciones con los norteamericanos, pues trabajó para la casa
exportadora/importadora Prevost &Co y para la aseguradora New York Life
Insurance. Sin tener estudios universitarios, pronto Leguía se hizo rico y se
fue ganando fama de excelente administrador. Dominaba con soltura el inglés.
De las corruptelas de Leguía podemos escribir hasta viejos, pero
vamos a entrar en materia y mencionaremos algunos hechos puntuales de su
periodo más corrupto, conocido por los once años que gobernó como “el oncenio”.
Anteriormente había sido presidente de 1908 a 1912, y fue ministro de Hacienda
y premier en los gobiernos de José Pardo y Manuel Candamo, del Partido Civil.
Fue con los civilistas que llegó al poder en 1919.
Pese a ser hijo de terrateniente, Leguía no tenía origen
aristocrático. Por el contrario, el Partido Civil —que impulsó reformas
anticorrupción—, era visto como una “argolla” de pitucos. Un poco la visión que
Fujimori supo bien imprimirle, y ciertamente así era, al Movimiento Libertad de
Vargas Llosa en los 90.
“Estos, supuestamente le habían dado un trato semejante al que un
hacendado daba a su administrador provinciano o mayordomo”, dice Alfonso Quiroz
en su “Historia de la corrupción en el Perú”. En buena cuenta los civilistas lo
“cholearon” y subestimaron su capacidad para hacer daño, y el hombre se les
volteó.
No obstante, Leguía adquirió cierta alcurnia al casar a sus hijas
con herederas de familias notables, y extendió así su red de contactos. De
hecho, la correspondencia de su primer periodo —que está en el archivo de la
Biblioteca Nacional— da cuenta de varios pedidos que le hacían para cargos
públicos, muchos de ellos concedidos. El propio héroe de la Breña —ese Dios
incuestionable de la familia Humala—, Andrés Avelino Cáceres, sale en las
cartas que le solicitaban algún “favorcito”.
EL ONCENIO DE CORRUPCIÓN
A pesar de haber sido electo en 1919, para asegurar su red de poder,
Leguía asestó un golpe de Estado aduciendo un complot en contra de su asunción
al mando. Mi compañero, el historiador Emilio Candela Jiménez, con quien
compartimos largas horas hablando del Alianza Lima en el patio de Letras de la
PUCP me escribe que “el origen del ‘oncenio’ es un acto de fuerza y ello
influirá en todo su régimen”.
Agrega Candela: “Esto quiere decir que Leguía llega al poder con un
discurso claramente confrontacional, enfrentando al llamado civilismo, y por
ello su gobierno estará teñido de hechos arbitrarios contra ese sector político
y otros que surgirán para criticarlo. Así deben entenderse los exilios de
opositores, la violación de normas jurídicas [se zurraron en el hábeas corpus],
la intervención en medios de comunicación como el diario ‘La Prensa’, etc.”
La ruleta de la historia quiso que Leguía cogiera el año del
Centenario de la Independencia, lo que se celebró a todo lo grande. La joya de
la corona de los festejos fue la inauguración de la Plaza San Martín. En tal
contexto, contrario a la austeridad del civilismo, Leguía impulsó una enorme
política de obras públicas (carreteras, obras de irrigación, puertos, etc.).
Asimismo, conscientes los países vecinos de que aún nos afectaba la
derrota de la Guerra del Pacífico, los cinco que nos rodean tuvieron
pretensiones territoriales, por lo que Leguía también impulso una compulsiva
carrera armamentista.
Tales políticas, en primera instancia, parecen valederas y lógicas,
pero fueron caldo de cultivo para desarrollar una corrupción galopante. “Es
claro que al ejecutar un vasto plan de obras públicas, la tentación de
beneficiarse con fondos públicos fue grande. Desde el solo hecho de que la
mayoría de estas obras le fueron adjudicadas a una sola compañía, la
norteamericana Foundation Company, hasta los supuestos beneficios que pudieron
obtener familiares y allegados al presidente”, anota bien Candela.
EL SUEÑO AMERICANO
En los estertores de la muerte, antes de expirar ensopado en mierda,
Patricio Aragonés, uno de los personajes de mi querido Gabo en la novela ‘El
otoño del patriarca’, le alcanza a cantar sus verdades al centenario dictador.
“…usted no es presidente de nadie ni está en el trono por sus cañones sino que
los sentaron los ingleses y los sostuvieron los gringos con el par de cojones
de su acorazado…”, le dice. El mundo de Leguía no era real maravilloso, ni
llovieron florecillas amarillas, pero sí que fue sostenido por los yanquis.
Casi todas las obras fueron financiadas con préstamos
estadounidenses que Leguía conseguía con sus buenas relaciones con los gringos,
merced, por supuesto, de jugosas comisiones de por medio. Es más, ya antes del
“oncenio”, en la compra de armas, el presidente en su primer gobierno hizo
turbios acuerdos con la Electric Boat Company de Estados Unidos, “un proveedor
naval que acostumbraba pagar ‘comisiones locales’ (un eufemismo para referirse
a sobornos) para asegurar su ventas”.
El propio Quiroz relata en su detallista investigación:“Los masivos
préstamos de la banca estadounidense financiaron obras públicas asignadas a
contratistas norteamericanos: el monopolio de las obras urbanas y de salubridad
por la Foundation Company, la construcción de carreteras y puertos por Snare
& Co., y los proyectos públicos de irrigación (entre ellos, el gran
proyecto de Pampas Imperial en Cañete y de Olmos en Lambayeque, en los que
Leguía tenía sustanciales intereses) a cargo del ingeniero Charles W. Sutton.
Estos préstamos, privilegios y monopolios causaron críticas por
parte de otras compañías y representantes extranjeros, en los que generó
suspicacia el impacto de la ‘insaciable codicia yanqui’ para la soberanía del
Perú.
A pesar de la corrupción institucionalizada, Leguía tenía respaldo
popular, pero con el “crac del 29” de la Bolsa de Valores de Nueva York, la
película empezó a quemársele por falta de fondos y el pueblo, que no entiende
razones, se le empezó a voltear. Se toleraba su corrupción, con tal que haga
obra; pero las jugadas del hijo de Leguía, Juan Leguía Swayne, rebasaron ese
“umbral de tolerancia”. Hizo jugos acuerdos con las norteamericanas Electric
Boat Company el fabricante de aviones Curtiss, para compras militares. En su
momento, un exmiembro de la Marina de los EE. UU, señaló que Juan Leguía
cobraba comisiones de entre 2.5% a 1.5% del valor de la compra.
Posteriormente, en una investigación del Senado de los EE. UU, los
banqueros americanos testificaron que pagaron comisiones hasta por 415 mil
dólares al hijo de Leguía. En realidad, el bribón, que se daba la gran vida
gastando hasta 300 mil dólares anuales en sus viajes a Nueva York, llegó a
recibir depósitos hasta por un millón de dólares. En fin, los cálculos de
Quiroz indican que hasta un increíble 72% de gasto gubernamental se fue en
corrupción de 1920 a 1929, es decir, un 3,8% del PBI.
Fujimori y Leguía
Por el tono dictatorial de Leguía, el hacer una constitución a su
medida (la de 1920), el manejo pagado de la prensa cuando no la clausura, las
convenientes modificaciones a la carta magna para hacerse reelegir, el poco
respeto a los derechos civiles, el uso intensivo del espionaje, el desvío de
fondos públicos con fines reeleccionistas, entre otras “gracias”, encontramos
varias similitudes entre “el oncenio” y el preso expresidente Alberto Fujimori.
No obstante, algunos investigadores hacen salvedades y señalan que
fue el entorno familiar de Leguía y sus amigos los que se enriquecieron más que
el propio presidente. “Pero él salió pobre y había entrado rico, se corrompió
su entorno ante su mirada permisiva. Mientras que Fujimori salió rico y había
entrado clase mediero”, nos explica el reputado profesor Antonio Zapata.
La policía secreta
Como Fujimori y Montesinos, Leguía era un obsesionado de los
servicios de inteligencia y del espionaje (¡Como hubiera gozado con los equipos
de chuponeo de hoy!). La policía secreta de Leguía la dirigía el comisario
Enrique Iza, a decir de Quiroz, “célebre por el uso excesivo de la fuerza”.
Dicho servicio se encargaba de hostigar opositores, encarcelarlos,
deportarlos y “reglarlos”. Incluso el pacífico historiador Jorge Basadre fue
apresado. Narra en sus extensas memorias (“La vida y la historia”) los varios
meses que pasó en la Isla San Lorenzo, sin saber bien de qué se le acusaba.
Así también, en noviembre de 1930, Armando Vargas Machuca denunciaba
en “El Comercio” que el ‘doctor’ Bernardo Fernández Oliva, un tenebroso jefe de
la policía secreta, lo había torturado.
Además de esas luctuosas prácticas, José B. Ugarte, director del
Ministerio del Gobierno, declaró en una investigación que 105 millones de soles
habían sido mal utilizados en el “oncenio” por la policía secreta. Se les
llamaba “gastos reservados”, que no eran otra que sobornos para políticos y
dinero para la campaña reeleccionista de Leguía. Tal cual los métodos del ‘Doc’
en los años 90. La historia, sorprendentemente, como si la hubiera escrito
Milan Kundera, se hace —otra vez— circular.
PERU. UNA NUEVA VICTORIA DE LA MAFIA
Por Gustavo Espinoza M. (*)
Más
allá de las precisiones puntuales, lo que puede asegurarse es que el cambio de
ministros, ocurrido el pasado martes 17 en Lima, constituyó una nueva victoria
de la Mafia. Como dijo el humor callejero, el sagrado
recinto de los Dioses, el Olimpo, estuvo de plácemes.
Se
puede afirmar -y con razón- que los ministros salientes no eran figuras
progresistas. Pero hay que admitir que su retiro del Gabinete, fue una
exigencia de las fuerzas más oscuras de la sociedad peruana. Y que los
argumentos que se usaron para sustentar esa demanda, fueron aún peores.
Para
la “prensa grande”, y para los politiqueros de oficio que asoman como
portavoces de la Mafia; los ministros salientes tenían que abandonar al
Gabinete, sí, o sí. No había otra. No los soportaban un minuto más.
De
modo general, los “medios” y sus sicofantes, habían cuestionado al gobierno del
Presidente Humala. De hecho, lo hicieron desde un inicio -en julio del 2011-
cuando comenzó su gestión. Y continuaron haciéndolo a ritmo monocorde hasta
lograr que, incluso, la “izquierda oficial” repitiera cada una de sus
formulaciones.
Porque
es curioso. La derecha más reaccionaria no dice que el gobierno de Humala es
antipopular, ni que ha renunciado a un discurso revolucionario, ni que ha
capitulado ante el FMI, ni que ha abandonado a sus aliados de América Latina
que luchan contra el Imperio; no. Simplemente dice que es “ineficaz”,
“corrupto”, “mentiroso”, “traidor”, y que ·”no sirve para nada”. Y cada una de esas expresiones,
es repetida día a día por la prensa formal, y por presuntos “líderes radicales”
que ignoran una verdad de Perogrullo: cuando
se coincide con la derecha; la que se beneficia, es la derecha.
Esa
derecha declaró la guerra,
también, al Gabinete que encabeza Ana Jara, una parlamentaria provinciana,
relativamente joven y aguerrida, que recibió el encargo de liderar un equipo de
gestión en el marco de un delicado escenario político., a comienzo del año
pasado.
Los
ataques contra Jara, no siempre fueron directos. Le presentaron una moción de
censura en el Congreso de la República. Y estuvieron hablando de ella varias
semanas, al tiempo que acumulaban votos para aprobarla. Pero distinguían a unos
ministros de otros. Y a ella, le hacían eventuales guiños asegurando que
lamentaban que “estuviera
pintada en la pared” porque “no podía acallar a sus
ministros”.
A
quienes en silencio cumplían diligentemente su “tarea”, no los molestaron.
Pusieron la puntería en los que se atrevieron a hablar para desenmascarar sus
afanes y denunciar sus
planes. A ellos, les
pasaron la factura.
Los
cuatro “más cuestionados” fueron Daniel
Urresti, Eleodoro Mayorga, Carmen Omonte y Daniel Figallo. Todos ellos
fueron abatidos. Se salvó el
titular de Defensa, Pedro Cateriano, quizá por su cercanía a Vargas Llosa.
Ahora, que es Premio Nobel, la Mafia lo prefiere callado, más que enemigo.
Contra
estos ministros se descargaron todas las baterías. Se les acusó hasta de
“chavistas”, pero particularmente de ser incondicionales de Nadine Heredia, la esposa del Presidente, a la que no
pueden ver ni en pintura.
Los
cuestionados respondieron a pie firme y enfrentaron la embestida con claras
denuncias políticas referidas, en particular, a Keiko Fujimori y Alan García,
las vacas sagradas de nuestra picaresca criolla. Fue ésa, la gota que rebalsó
el vaso. Lucía imperdonable.
Así,
se generó la exigencia: cambios en el Gabinete; censura, si ello no se
producía; inasistencia al “diálogo” convocado en Palacio; y protestas y
denuncias en todos los niveles de la vida nacional inundado páginas de la prensa
escrita, radial y televisada.
Para
ese efecto, usaron los ·”durmientes”, es decir, personajes a los que el APRA “sembró” en la maquinaria del
Estado en varios años: Procuradores, jueces, fiscales, funcionarios, elementos
insertados en todos los segmentos, desde los servicios de inteligencia, hasta
el Congreso de la República y aun Palacio de Gobierno. Así, “salieron”
documentos: informes “confidenciales”, planillas, partidas trucadas y muchas
otras “pruebas” publicadas y republicadas por “los medios” al servicio de la
Mafia, Sobresalió Manuel del Aguila, “metido” en el Ministerio del Interior, y
que salió con “denuncias” a gusto de los suyos.
En
el extremo, hasta la embajada
de Israel se metió en la
danza. Un Twitter de esa sede diplomática tuvo la desfachatez de declarar: “Nadine quiere negar lo
innegable ¿para què habeas corpus?”- Aludía
así a la defensa legal de la esposa del Presidente, y al recurso que ella
presentara, para hacer frente a sus detractores.
Conocido
el texto de ese mensaje, la legación sionista se apresuró a decir que ese tenor
“no representaba la posición de esta Misión”; pero no pudo negar
la autenticidad del texto. Fue esa, una grosera intromisión en asuntos que no
le competen, pero en torno a los que sí tiene una actitud, y un comportamiento,
absolutamente definidos.
Si
el Canciller peruano protestase por esa injerencia, en pocos días sería objeto
de una “grave denuncia” en la prensa mafiosa. Ella se encargará de achacarle
cualquier cosa para exigir su salida del Portafolio, y echarlo de allí del
mismo modo como la Empresa Yanacocha logró sacar a Marta Meier del diario El Komercio.
Es
curioso, la embajada de Israel comparte en esencia los ataques a la esposa del
mandatario, la misma a la que un columnista considera “La primera dama del neo
liberalismo peruano”relegando injustamente a otras que muy bien merecida tendrían
esa ubicación, a partir de Keiko Fujimori, Mercedes Aráoz, la Ministra aprista
del TLC con USA; Lourdes Alcorta, la Cabanillas, u otras.
Ni
Urresti, ni Figallo, ni Omonte ni Eleodoro Mayorga, podrían ser considerados
“de izquierda”. Pero ese no es el problema. Debían salir porque se atrevieron a
hablar, a decir que no estaban de acuerdo con la Mafia y que querían
enfrentarla. Y con relación a Figallo y a Mayorga, se añadió que ellos, en Pichanaki, dieron la razón a la población y
sentenciaron la salida de Plus Petro, que contamina la región. Por eso… ¡contra ellos!, ¡Y con furia!
El
vocerío de la Mafia, rechazó que “cedieran” ante la demanda popular. Y, al
contrario, exigió que alentaran el uso de armas contra el pueblo, para que
asomara otro ·”baguazo” -36 muertos, recuérdese- y así nadie podría adjudicar
el monopolio del crimen, a García. “Todos lo hicieron”, dirían después como
dicen hoy “todos son corruptos”, luego que llenaron de lodo a todos los que se les enfrentaron en
las esferas del Poder.
En
este escenario resulta irresistible recordar al profesor Heinz Dieterich en su libro “Las guerras del capital”, y en torno a la creación de los “consensos”.
Allí,
nos recuerda el ensayo clásico de “La fábrica del consenso”, escrito en 1947
por Edward L. Bernay -el sobrino de Sigmund Freud- En él,
nos dice que el adoctrinamiento de los ciudadanos, en una sociedad en la que
impera la “libertad de información”, el consenso; puede lograrse a través de
los medios de comunicación porque “son
las puertas abiertas a la mente pública” –“open Doors to the public mind”-
En
manos de “los medios” está la palabra. En ese marco, “la aceptación de ideas y su
transformación en actividades prácticas por parte de la población, se tiene que
realizar mediante estrategias estructuradas y empleadas de forma científica”.
En esta “fabricación del consenso” -asegura- reside “la verdadera esencia del
proceso democrático”.
El
papel de “los medios”, en efecto, es vital. Por ellos, la opinión pública
piensa que Venezuela “está en crisis”; que
Cristina Kichner tiene “algo que ver” en la muerte del fiscal Nisman; que Sria
“es una feroz dictadura”; y que los rusos quieren “apoderarse de Ucrania”. Esos
mismos medios buscan aquí hacernos concebir que los papeles se han invertido:
que los diablos tienen alas, que los mafiosos son buenos; y que quienes los
denuncian, deben irse.
Los
ministros que asumieron sus funciones el asado martes, quizá queden callados.
Saben que “no pueden meterse” con los íconos de la mafia. Tendrían que pagar un
alto precio. Entre tanto, a Nadine, la seguirán acusando. Dirán mañana que el
“el espionaje” chileno fue creado para “desviar la atención ciudadana”. Ya lo
verán. Fin)
Eduardo Abusada Franco
Colaboración
TEMA
SELECCIONADO. EDUCACIÓN POLÍTICA: LAS CANDIDATURAS
¿Cómo
se proponen y se eligen? Parece ser que tenemos un "problema" no
resuelto.
¿Prima
la persona o el programa? ¿Los peruanos quieren un programa moderado o radical,
y que se les explique y motive? ¿Cómo se puede ganar por la via electoral en el
Perú?
¿Qué
necesita verdaderamente el Perú?: ¿un programa moderado o radical alternativo
al neoliberalismo que se le informe y explique?
La
vida política y el convencimiento es el problema de un proceso que debe tomar
en cuenta al país, la educación, con visión de presente y de futuro. No
quedarse solamente en conseguir curules.
¿Debe
de haber sanciónes para los grupos políticos y candidatos que prometen un
programa y después lo traicionan?
¿Habrá
democracia interna y primaria? ¿A quiénes se considera, y a quiénes se
descartan? ¿Por qué? ¿Cuáles deberían ser los objetivos?
Debemos
ser sinceros y realistas: ¡Lo que no se ha sembrado no se puede ni se podrá
cosechar! No lo olvidemos nunca: las propuestas de alternativas son procesos pedagógicos,
éticos y virtuosos que se construyen y no se improvisan.
La
verdad absoluta: fraccionados, nadie gana, sino los oportunistas de derecha.
¿Por qué?
Nos
comenta Antonio Zapata: "Aunque aún es prematuro, falta todo este año para
seleccionar programa y candidatos. Es la temporada del debate de ideas y del
amarre."
josé.
De la izquierda al centro: alianzas y candidatos
Antonio
Zapata Velasco
Una
última encuesta de GFK arroja un dato clave. El 49% no quiere votar por ninguno
de los tres candidatos de derecha: Keiko, García y PPK. Según la misma
encuesta, solo el 45% piensa que el próximo presidente saldrá de la derecha,
mientras que el resto busca una alternativa.
Esta
división en dos mitades es una tendencia en la historia electoral reciente. Desde la
transición, todas las campañas de segunda vuelta han sido parejas y los
candidatos que han llegado a finales representaban las dos alas del espectro:
derecha e izquierda.
El
problema es la desorganización del campo que se halla entre la izquierda y el
centro: sin
candidato ni locales ni militantes. Así las cosas, a menos de un año para el
inicio de las presidenciales, la centro-izquierda tiene las de perder, salvo
sorpresa.
Es más, la alarma suena fuerte, porque en realidad Keiko es favorita y puede llevarse las elecciones limpiamente. Cabe recordar que todas las últimas elecciones han sido ganadas por quien quedó segundo la vez anterior (Toledo, García, Humala); además, Fuerza Popular está mejor organizado y no tiene grandes anticuchos recientes, como los narcoindultos de García. Aunque, un gran problema de Keiko es Alberto Fujimori, que despierta muchos “antis” e intoxica el ambiente.
De
este modo, para el centro y la izquierda el proceso electoral debería ser de
extrema preocupación. Es probable que gane el enemigo declarado y no una
postura de derecha moderada. El peligro obliga a una estrategia defensiva, que
solo puede ser de ancha base.
En
el centro político cabe
destacar la presencia de AP, que es un partido tradicional ubicado
históricamente en la centro-izquierda cuando es de oposición y en la
centro-derecha cuando es gobierno. Hoy, el pequeño núcleo de izquierda en el
Congreso ha formado bancada con AP y la alianza funciona correctamente. ¿Podría
prolongarse ese entendimiento e ir juntos a las elecciones? Es una
posibilidad a evaluar, sobre todo si el candidato es Gastón.
Pero
si no se concreta una alianza con el centro, ¿cuáles son las opciones
electorales de la izquierda?
En
principio, encontramos dos temperamentos.
Por
un lado, la izquierda verde de Tierra y Libertad que cuenta
con inscripción legal y hará del medio ambiente el eje de su campaña.
Por
otro lado, el colectivo Ciudadanos por el Cambio que busca su
inscripción planteando una plataforma del centro a la izquierda. Si se pudiera
evitar esta división sería ideal, pero los ánimos están muy crispados.
Quizá
un buen candidato(a) podría unificarlos, ya que una nueva y renovada
imagen podría impulsar una coalición de centro-izquierda, que permita pasar a
segunda vuelta y enfrentarse al campeón de la derecha.
Asimismo,
se requiere programa e ideas frescas; pienso que el punto de partida debe ser la
ética, puesto que afrontamos el tremendo desgaste de la política, causado por
la elevada corrupción y demagogia de las autoridades.
Por
su parte, de mantenerse la fragmentación se anuncia otra derrota, como en las
municipales, donde el FA solo ganó un municipio de los dos mil que estaban en
juego.
Además,
falta considerar a Patria Roja, que por ahora aguarda en sus
bastiones, pero ha de intervenir y si no hay un cauce aumentará la
dispersión.
Antes
que una candidatura unitaria y con posibilidades, en el horizonte se vislumbra
un panorama parecido al sombrío 2006. En ese momento, las tres listas de
izquierda sumadas no superaron el 2% y el electorado progresista votó
masivamente por Ollanta Humala.
La
posible candidatura de Siomi Lerner, que ha comentado Mirko Lauer,
colocaría unos cuantos congresistas a cambio de resignarse al triunfo de la
derecha. Es un buen concertador y mejor persona, pero carece del carisma
necesario para electrizar una campaña. A cierta edad, el carisma ya ha
florecido o no ha de aparecer.
Aunque aún es prematuro, falta todo este año para seleccionar programa y candidatos. Es la temporada del debate de ideas y del amarre. Veremos.
ESPECIAL: NELSON MANRIQUE
GALVEZ.
LA MOVILIZACIÓN SOCIAL Y SU
ORGANIZACIÓN EN NUEVA ÉPOCA.
Tropezar
con la misma piedra- Nelson Manrique Gálvez- Martes, 10 de febrero de 2015.
"Pero durante las últimas
décadas del pasado siglo la estructura productiva capitalista sufrió profundas
transformaciones.
Se impuso la organización en red. Desaparecieron las grandes
fábricas, con sus miles y decenas de miles de trabajadores, y fueron
remplazadas por racimos de pequeñas y medianas empresas, constituidas con
apenas algunas decenas de trabajadores o inclusive de tamaño familiar,
enlazadas en red."
Redes de
indignación y desesperanza I
Nelson Manrique Gálvez
Martes, 06 de enero de 2015 |
4:30 am
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La movilización contra la Ley
Pulpín viene provocando un interesante debate académico. Se la ha comparado con
movimientos anteriores pero los análisis omiten un factor que hace una
diferencia fundamental: Internet y las redes sociales y su impacto en la
cultura e identidad juvenil.
Empiezo constatando que la
actual movilización, y las características que esta asume, desde las
movilizaciones contra la “repartija” hasta los pulpinazos, habría sido
simplemente imposible sin la red de redes y una generación de jóvenes que asume
el ciberespacio como su espacio natural de socialización.
No se trata de las tecnologías
de información y comunicación como facilitadoras sino del nacimiento de una
cultura –entendida como una manera de estar-en-el-mundo– modelada por una
generación que está parada sobre la que probablemente sea la brecha
generacional más importante de la historia de la humanidad: la que separa a los
nativos digitales, los que llegaron al mundo con Internet, de los inmigrantes
digitales, nuestra generación.
Manuel Castells, posiblemente
el mejor estudioso del capitalismo informacional, puede brindarnos elementos
valiosos para pensar el despertar de los jóvenes peruanos a la política y las
grandes tendencias planetarias que se están desplegando.
Redes de indignación y
esperanza.
Los movimientos sociales en la
era de Internet (Castells, Alianza Editorial 2012) aborda la enorme
movilización planetaria que tuvo su epicentro en las redes sociales el año
2011, un movimiento en cuya gestación jugó un rol destacado la indignación
ética frente a los poderes financieros, el Estado, la política y los políticos
y que incluyó la primavera árabe, cuyo primer capítulo se produjo en diciembre
de 2010. Para la gran movilización importaba la pobreza y la crisis económica,
pero el gran motor fue “la humillación causada por el cinismo y la arrogancia
de los poderosos, tanto del ámbito financiero como político y cultural, lo que
unió a aquellos que transformaron el miedo en indignación y la indignación en
esperanza de una humanidad mejor” (Castells 2012: 20)
La movilización se inició el 15
de octubre de 2011 y se desplegó como una red global de movimientos que
recurrían a la ocupación de lugares simbólicos, desde Túnez hasta Islandia,
bajo la bandera de “Unidos por un cambio global”. Abarcó a millones
de personas en 951 ciudades de 82 países del mundo, que reivindicaban la
justicia social y una democracia auténtica, ignoraban a los partidos políticos,
desconfiaban de los medios de comunicación, rechazaban los liderazgos y la
organización formal y se articulaban a través de Internet y de asambleas en
lugares públicos previamente ocupados, donde se debatía y tomaba decisiones.
¿Suena conocido?
Los objetivos de la movilización eran principalmente culturales.
El poder es ejercido por
quienes lo detentan a través de dos instrumentos básicos:
1) la coacción, justificada con
el monopolio de la violencia legítima del Estado y
2) la construcción de
significados en las mentes, a través de mecanismos de manipulación simbólica.
Esta segunda dimensión constituye hoy a Internet en una arena privilegiada del
conflicto social.
La construcción de significados
supone entablar relaciones de comunicación que abarcan campos muy amplios de la
experiencia humana: la
interacción con el entorno natural y social, interconectando nuestras redes
neuronales con las redes de la naturaleza y las redes sociales. Algunos actos
de comunicación son privilegiados al momento de construir sentidos: “Para
la sociedad en sentido amplio, la principal fuente de producción social de
significado es el proceso de comunicación socializada (...) aquella que existe
en el ámbito público más allá de la comunicación interpersonal. La
transformación continua de la tecnología de la comunicación en la era digital
extiende el alcance de los medios de comunicación a todos los ámbitos de la
vida social en una red que es al mismo tiempo local y global, genérica y
personal, en una configuración constantemente cambiante” (ídem, p. 23).
La sociedad red no es puramente
virtual; las
redes virtuales y las redes de la vida se interconectan formando “un mundo
híbrido, no un mundo virtual ni un mundo segregado que se separará online de la
interacción offline”.
Las redes virtuales pueden
enlazar de esta manera redes de la vida de innumerables personas, en muy
diversas dimensiones de su praxis, incluida por supuesto la política: “Y es en
este mundo en el que han nacido los movimientos sociales en una transición
natural para muchas personas, que pasan de compartir su sociabilidad a
compartir su indignación, su esperanza y su lucha” (ídem, p. 222).
Seguiremos.
Seguiremos.
Redes
de indignación y esperanza II
Nelson Manrique Gálvez
Martes, 13 de enero de 2015 | 4:30 am
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Las masas, en su acepción
moderna, nacieron con el capitalismo industrial, a fines del siglo XVIII, junto
con la fábrica moderna, un todo orgánico que funciona como un trabajador
colectivo formado por miles de trabajadores individuales, articulados en base a
la división del trabajo y vinculados
por lazos que Emile Durkheim denominó de “solidaridad orgánica”: no una
relación eventual sino permanente, que brotaba de la propia lógica de la
organización del trabajo.
Los obreros concentrados por
las fábricas constituían una poderosa fuerza social y política, no solo por su
número sino porque podían detener la producción y compartían condiciones de
trabajo y problemas similares: tenían demandas comunes (limitación de la
jornada de trabajo, por ejemplo), podían identificar enemigos comunes (los
administradores, los propietarios) y concertar así planes, programas y
plataformas de lucha.
Así, nacieron la conciencia de
clase, los partidos de masas, los sindicatos, los partidos obreros, el
socialismo y el horizonte de una transformación revolucionaria de la sociedad.
En una frase, la política de masas vigente a lo largo del siglo XX.
Pero durante las últimas
décadas del pasado siglo la estructura productiva capitalista sufrió profundas
transformaciones.
Se impuso la organización en
red. Desaparecieron las grandes fábricas, con sus miles y decenas de miles de
trabajadores, y fueron remplazadas por racimos de pequeñas y medianas empresas,
constituidas con apenas algunas decenas de trabajadores o inclusive de tamaño familiar,
enlazadas en red.
Desaparecieron las grandes
concentraciones obreras y millones de trabajadores fueron lanzados al
desempleo.
Con las computadoras manejando
las máquinas el conocimiento se incorporó como un factor productivo de primer
orden en la empresa, diferenciando internamente a los trabajadores y rompiendo
las solidaridades orgánicas antes vigentes.
La globalización favoreció la
articulación del capital en redes planetarias que funcionaban en tiempo real,
mientras los obreros eran incapaces de trascender el horizonte nacional en sus
luchas. Entraron entonces en crisis los sindicatos, los partidos obreros y de
masas, el horizonte revolucionario. Este es un proceso planetario, que se
desarrolla con distinta velocidad e intensidad en diferentes sociedades, pero
cuya tendencia general es una. No afrontamos pues una crisis política sino una
crisis de la política; la de la política de masas.
La política adecuada al nuevo
horizonte histórico que está emergiendo se está construyendo.
La mayor familiaridad de los
jóvenes con las tecnologías digitales los coloca en una ubicación privilegiada
para intentar recrear las formas de hacer política, pues en las redes sociales
donde se forman hoy los nuevos sentidos.
De allí derivan algunas
características fundamentales de los nuevos movimientos sociales:
“Sus valores, objetivos y
estilo organizativo hacen referencia directa a la cultura de la autonomía que
caracteriza a las jóvenes generaciones de un joven siglo. No podrían existir
sin Internet. Pero su importancia es mucho más profunda. Están adaptados a su
función como agentes del cambio en la sociedad red, en claro contraste con las
instituciones políticas obsoletas heredadas de una estructura social
históricamente superada” (Manuel Castells, Redes de indignación y esperanza,
2012, p. 223).
Mientras las identidades
“duras” (de clase, nacionales) declinan se despliega el individualismo en red.
Los viejos discursos de los
grandes partidos de masas son erosionados por el despliegue de una nueva realidad
que no comprenden. El rápido ascenso de nuevas formaciones políticas como
Podemos en España y Syriza en Grecia, descoloca a la derecha, la
socialdemocracia y la izquierda tradicional.
El control de los medios de
comunicación de masas (prensa, radio, televisión) por el estado y las
corporaciones es abrumador y las redes sociales se convierten en un escenario
privilegiado de la lucha política y de la elaboración de sentidos
contrahegemónicos:
“Los actores del cambio social
pueden ejercer una influencia decisiva utilizando mecanismos de construcción de
poder que se correspondan con las formas y procesos del poder en la sociedad
red. Mediante la producción de mensajes autónomos para los medios de
comunicación de masas y el desarrollo de redes autónomas de comunicación
horizontal, los ciudadanos de la era de la información pueden inventar nuevos
programas para sus vidas con los materiales de sus sufrimientos, sus miedos,
sueños y esperanzas” (ídem, p. 26).
Mi solidaridad con Charlie
Hebdo y mi admiración por sus integrantes, que están preparando la nueva
edición.
Redes de
indignación y esperanza III
Nelson Manrique Gálvez
Martes, 20 de enero de 2015 |
4:30 am
La construcción del
contrapoder, allí donde sucede, no puede basarse nunca exclusivamente en el
despliegue de la lucha en Internet.
Un movimiento social, aunque se
origina en Internet, se convierte propiamente en tal con la ocupación de un
espacio público.
Esta es una constante de los
movimientos que se activaron a nivel planetario el 15 de octubre de 2011. De
allí la importancia simbólica de la ocupación de espacios como Wall Street en
New York, o la Puerta del Sol en Madrid o, en el Perú, el centro de Lima, en
ese circuito simbólico que va del Congreso a la Confiep y del cual se sustrae
el Palacio de Gobierno porque allí concentra Ollanta Humala todo el poder de
fuego para defender su sede de poder.
Por eso no es una simple
anécdota que en las recientes movilizaciones el gobierno haya recurrido a poner
cercas de metal para cerrar calles a la libre circulación de los ciudadanos.
“Como el espacio público
institucional —el espacio designado constitucionalmente para la deliberación—
está ocupado por los intereses de las élites dominantes y sus redes, los
movimientos sociales tienen que labrarse un nuevo espacio público que no se
limite a Internet sino que se haga visible en los lugares donde se desarrolla
la vida social. Por eso ocupan el espacio urbano y edificios simbólicos”
(Castells 2012: 27).
Una especificidad del caso peruano,
presente en las marchas en Lima, es la organización por zonas, que construyen un
nuevo nivel de representación, surgido de estas movilizaciones, en la que se
combinan dinámicas territorial y virtual, con delegados y asambleas donde se
toman decisiones y blogs en Facebook de las diferentes zonas que retroalimentan
el debate y la convocatoria. Así, se reformula drásticamente las relaciones
entre los movilizados y los sistemas tradicionales de representación, como los
partidos y los sindicatos (http://bit.ly/1GeVXaJ).
La comunicación ha jugado
siempre un papel fundamental en el desarrollo de los movimientos sociales y los
profundos cambios que se vienen produciendo en la forma de comunicarse tienen
un profundo impacto en la naturaleza de las movilizaciones.
Cuando el despliegue de nuevas
tecnologías de información y comunicación abre hoy perspectivas inéditas esto
es más importante que nunca:
“Históricamente, los
movimientos sociales siempre han dependido de la existencia de mecanismos de
comunicación específicos: rumores, sermones, panfletos y manifiestos,
divulgados de persona a persona, desde el púlpito, la prensa, o por cualquier
medio de comunicación disponible” (Castells 2012:32).
Por eso Internet supone una
radical mutación en la acción política:
“En nuestra época, la
comunicación multimodal con redes digitales de comunicación horizontal es el
medio de comunicación más rápido, autónomo, interactivo, reprogramable y autopropagable
de la historia” (ídem).
Los cambios en las formas de
comunicación social a su vez afectan profundamente las formas de organización y
participación política, cuestionando sus estructuras piramidales y sus
jerarquías:
“Cuanto más interactiva y
autoconfigurable sea la comunicación, menos jerárquica es la organización y más
participativo el movimiento. Por eso los movimientos sociales en red de la era
digital representan una nueva especie de movimiento social” (ídem).
Para Castells el camino de la
lucha política actual está enmarcado por dos tendencias básicas, presentes en
la construcción de las subjetividades contemporáneas: la individuación en red y
la autonomía.
La individuación puede ser
individualismo, pero no necesariamente.
Los objetivos del primero giran
en torno al beneficio personal, mientras que la individuación puede buscar ese
beneficio a través de un profundo compromiso con la sociedad.
En la construcción de la
autonomía el cambio social más profundo históricamente hablando se ha producido
en Internet y es el despliegue de la Web 2.0: pasar de la interacción
individual y corporativa (por ejemplo, el uso del correo electrónico) a la
construcción autónoma de redes sociales controladas y orientadas por sus
usuarios.
Esto fue el resultado de una
serie de cambios convergentes, como las mejoras en el ancho de banda,
computadoras con mayor potencia, periféricos más eficientes a bajo costo y el
desarrollo de “nuevos modelos de sociabilidad por el nacimiento de una amplia
gama de sistemas de distribución que alimentaban las redes de Internet. Además,
la comunicación inalámbrica conecta dispositivos, datos, gente, organizaciones,
todo, con la nube como archivo de la red social generalizada, como una malla de
comunicación que cubre todo y a todos”.
Eso nos lleva a los servicios de redes sociales, como Twitter y Facebook, que actualmente constituyen la actividad más importante en Internet.
Seguiremos
Redes
de indignación y esperanza IV
Nelson Manrique Gálvez
Martes, 03 de febrero de 2015 |
4:30 am
Comentar 2
Los cambios que vienen
experimentando las formas de comunicación alteran las formas de organización y
participación política, cuestionando sus estructuras piramidales de comando. De
allí la dificultad para individualizar el liderazgo de las recientes
movilizaciones contra la ley pulpín. Las Zonas se han mostrado muy celosas
frente a las pretensiones de voceros sindicales y políticos de atribuirse el
triunfo y tienen toda la razón.
En la lucha política actual
–Castells dixit– se despliegan dos tendencias subjetivas principales: la
individuación en red y la autonomía, ambas una consecuencia necesaria de la
crisis de la sociedad industrial de masas. Para el despliegue de autonomía ha
sido importante la creación y la expansión de la Web 2.0, un fenómeno de la
última década: pasar de la interacción individual y corporativa a la
construcción autónoma de redes sociales controladas y orientadas por sus
usuarios.
La expansión de las redes
sociales tiene como soporte tecnológico los servicios de redes sociales (SNS,
Social Network Services) que hoy son la aplicación más importante del
ciberespacio, que brindan plataformas para la interconexión de diversas redes
sociales que abarcan a miles de millones de seres humanos que realizan todo tipo
de actividad: amistad, charla, marketing, comercio electrónico, educación,
creatividad cultural, distribución de los medios de comunicación y
entretenimiento, aplicaciones para la salud y por supuesto el activismo
sociopolítico (Manuel Castells, Redes de indignación y esperanza. Los
movimientos sociales en la era de Internet. Alianza Editorial, 2012, p. 221).
Las estrellas entre las SNS son aplicaciones del estilo de Twitter, YouTube,
Instagram, etc., y, por supuesto Facebook, que a abril del 2014, con 87.6% de
los internautas conectados, tenía al Perú como su quinto mercado en importancia
a nivel mundial (http://bit.ly/QJbhVn).
Los servicios de redes sociales
constituyen espacios de socialización que comprometen virtualmente el conjunto
de la experiencia humana, yendo a contracorriente del egoísmo propiciado por el
neoliberalismo hegemónico: “son espacios vivos que conectan todas las
dimensiones de la vida de la gente. Ésta es una importante tendencia para toda
la sociedad. Transforma la cultura induciendo una cultura de compartir. Los
usuarios de SNS trascienden el tiempo y el espacio, producen contenido,
establecen vínculos y conectan prácticas. Ahora hay un mundo continuamente conectado
en red para cada dimensión de la experiencia humana” (Castells 2012: 221). La
fracción de la población más grande conectada a las redes está entre los 18 y
24 años y es la que mayor cantidad de contenidos genera.
Castells no cree que el
objetivo de los movimientos sociales desplegados junto con Internet sea tomar
el poder; de allí que reducir su importancia a si ayudan o no a ganar las
próximas elecciones sea empobrecer su significación: “los movimientos sociales
no buscan tomar el poder. Nunca. Cuando lo intentan se vuelven movimientos
políticos revolucionarios, que es otra cosa. El movimiento social busca cambios
en las mentes de las personas y en las categorías culturales con las que la
sociedad, normalmente, se piensa a sí misma. Desde ese punto de vista, todos
los grandes cambios en Europa y en gran parte del mundo salieron de los
movimientos sociales de los 60 en los Estados Unidos, y del Mayo francés,
principalmente. Ecologismo, derechos de la mujer, ideas modernas de
autogestión, independencia de los partidos políticos… es lo que vemos ahora
(...) lo peor que puede hacer un movimiento social es transformarse en lo mismo
que combate. Conquistar el poder para hacer más o menos lo mismo, como ocurre
con la social democracia, sepulta la legitimidad del proyecto”
Esto no descarta que puedan
jugar un importante rol político, como lo testimonia el meteórico ascenso de
Syriza, que ha llevado a la izquierda al poder en Grecia, y el cada vez más
probable triunfo de Podemos en España el 2016.
Castells considera que a
mediano y largo plazo los movimientos apoyados en las redes sociales podrían
provocar cambios mucho más profundos de lo que se puede pensar hoy en día: “hay
una conexión mucho más profunda entre movimientos sociales y reforma política
que podría activar el cambio social: se produce en las mentes de la gente. El
objetivo real de estos movimientos es concienciar a la población, darles poder
a través de la participación en el movimiento y en un debate amplio sobre sus
vidas y su país” (Castells 2012: 225-226).
Seguiremos.
Tropezar con
la misma piedra
Nelson Manrique Gálvez
Martes, 10 de febrero de 2015 |
4:30 am
Comentar 17
La cercanía de las elecciones
generales vuelve a alborotar los predios de izquierda. Se habla de construir
una candidatura unitaria a través de un acuerdo de las organizaciones
existentes, que –ya sabemos– están preocupadas no por las elecciones próximas
sino por un proyecto estratégico.
Debo confesar que la propuesta
me deja la sensación de un déjà vu; algo ya visto. A lo largo de los últimos 25
años esto se ha hecho una y otra vez, siempre con la más buena voluntad y
siempre con el mismo resultado: en lugar de la unidad, la dispersión, las
mutuas recriminaciones y un balance de un promedio de cinco candidaturas compitiendo
entre sí, que, fragmentadas, ahuyentan a la base social que pretenden
representar y no llegan al 1% los votos. Así por supuesto no se conquista la
presidencia –no hablemos del poder–, pero sí se destruye la posibilidad de
ganar una representación parlamentaria consistente, una meta alcanzable y de
vastas proporciones, si la izquierda es capaz de ir unida.
Cuando se inician negociaciones
entre organizaciones partidarias cada una tiene la legítima expectativa de
encabezar el frente e imponer a su candidato, pero ellas no pueden obviar las
correlaciones de fuerzas existentes. No existe hoy por hoy ninguna organización
con el peso específico suficiente para imponer una hegemonía reconocida por
todos y se llega al entrampamiento. Allí donde hay varios candidatos con
similares méritos el candidato A no va a ceder ante el candidato B, y los
partidarios del candidato C considerarán “natural” que este encabece la lista,
y así sucesivamente. Cada candidato cree que “logrará hacerla”. Quien se lanza
para la presidencia no espera sacar 0,2% de la votación si no cree sinceramente
que será el outsider. En el corazoncito de todo político peruano hay un
outsider. Añadir una convocatoria abierta, para que todo izquierdista se
pronuncie través de su voto, tampoco soluciona la cuestión de fondo, porque si
no se reconoce que el ganador está respaldado por una auténtica hegemonía se
terminará descalificando los resultados.
Si de algo sirve la
experiencia, a inicios de los años 80, cuando fundamos la Unidad Democrático
Popular UDP, enfrentamos una situación similar: cómo construir un liderazgo
reconocido ahí donde varios dirigentes de la misma generación alegaban méritos
similares para pretender asumir la dirección. Inventamos entonces la
alternativa de “importar un príncipe europeo”, en alusión a la idea de José de
San Martín de traer un príncipe de una casa real ultramarina, ajeno a los
conflictos locales, para poder implantar su monarquía constitucional. Por
supuesto, no recurrimos a Europa. Lo que hicimos fue convocar a dos líderes de
izquierda de la generación anterior con aceptación y méritos reconocidos por
todos y que no estaban envueltos en los conflictos partidarios contingentes:
Alfonso Barrantes Lingán y Carlos Malpica Silva-Santisteban, los cuales
rompieron el impasse.
Una salida semejante hoy no
podría recurrir a la generación anterior, porque ella es precisamente el
problema, pero tendría que salirse del corsé de las estructuras partidarias
como el camino para gestar un proyecto unitario. Los liderazgos tradicionales
están agotados; desde la crisis de inicios de los 90 hasta la fecha hubo tiempo
para gestar una alternativa y 25 años después el tiempo se ha terminado. Este
país, por otra parte, es muy distinto al de los años 80 y no ha habido un
proceso de adecuación a los cambios. Pregunten a los integrantes de las Zonas
si conocen estas dirigencias y qué opinión tienen de ellas.
No hay renovación posible sin
la renovación de los liderazgos, y esto debe tomar en cuenta la representación
generacional, de género y de los demás grupos sociales marginados. Basta pensar
en los dirigentes conocidos y preguntarse cuánto carisma pueden aportar. La
gran paradoja es que la izquierda sí tiene una notable reserva de carisma a la
que no se le está prestando atención.
Menciono algunos nombres que me
vienen a la mente, a los cuales pueden añadirse varios más: Verónika Mendoza,
Marisa Glave, Sigrid Bazán. Mujeres jóvenes, vinculadas a proyectos orgánicos
de izquierda y con activismo en las redes sociales y en los nuevos movimientos
sociales; profesionales exitosas, decididas, inteligentes, pares con los
jóvenes de la sociedad red, excelentes polemistas y con amplia experiencia en
comunicación.
¿Y si las dirigencias les
dieran la potestad de servir de puente entre las organizaciones partidarias y
los movimientos sociales para definir los mecanismos de construcción de la
representación, frente, movimiento o como se llame? ¿No estamos todos por la
unidad?
QUE DIFÍCIL ES SER DIALÉCTICO
Por José Luis Rebellato
Quería cerrar esta conversación
haciendo referencia a alguien que siempre fue un referente fundamental en el
trabajo comunitario y que en sus últimos años tuvo una preocupación ética muy
fuerte. Se trata de Paulo Freire. Paulo Freire hizo un recorrido partiendo de
la constatación de la situación de opresión en la que vivía -vive- la población
con la que trabajaba. Paulo Freire parte de su experiencia de Brasil pero luego
el exilio le permite darse cuenta de que planetariamente el mundo vive una
situación de dominación. Termina con un análisis de la autonomía, "La
pedagogía de la autonomía", una de sus últimas obras, donde trabaja
especialmente el concepto. Marca con fuerza que somos seres incompletos, por lo
tanto y por eso mismo somos seres éticos. Este es un punto fundamental. ¿Por
qué lo marca con tanta fuerza? Porque a veces hemos vivido análisis dogmáticos
tan fuertes que se movieron siempre en la arrogancia y la certeza y nos
presentaban como seres completos. El ser completo no precisa tener ética, si la
historia ya está escrita, si yo soy un ser terminado, la ética no tiene lugar
porque supone opciones, decisión, protagonismo del sujeto, autonomía, poner
valores en juego. Si la historia ya está fatalmente escrita no hay ética ya que
ésta supone la crisis del modelo de historia lineal. La historia pensada en
forma lineal no es más viable. Freire insiste muchísimo en que la incompletud
del ser humano es lo que le permite ser ético aun cuando se equivoque en sus
opciones.
Un segundo elemento que va
unido a éste de la incompletud es la profunda convicción de la incertidumbre,
también un elemento ético importante. Si nos moviéramos siempre en las certezas
tampoco actuaríamos con una postura ética. La incertidumbre tiene mucho que ver
con la virtud de la phrónesis. La incertidumbre es una dimensión fundamental de
la existencia humana.
Voy a leer dos pequeños pasajes
sobre ética. El primero tiene que ver con las dudas del intelectual. Paulo
Freire critica una cierta figura del intelectual. Dice lo siguiente: "El
intelectual memorizador que se domestica ante el texto con miedo a arriesgarse
no percibe ninguna relación -cuando realmente existe- entre lo que leyó y lo
que ocurre en su país, en su ciudad, en su barrio. Repite lo leído con
precisión pero raramente intenta algo personal. Habla con elegancia de la
dialéctica pero piensa en forma mecanicista". De alguna manera todos nos
sentimos cuestionados, qué difícil es ser dialéctico. Ustedes podrán dar una
enorme cantidad de ejemplos de la gran dificultad de poder ser dialéctico, sobre
todo en el terreno comunitario donde es la capacidad de construir saberes junto
con otros. Es muy fácil y simple enunciarlo pero en el campo es complicadísimo
porque los técnicos tenemos una arrogancia terrible. No sé qué es lo que a
veces opera en nosotros que nos da una actitud arrogante; ligamos la autoridad
al poder y no tanto a la relación de confianza que genera otro tipo de
autoridad. Muchas veces pensamos la autoridad como dominación y yo creo que la
autoridad es posibilidad de desarrollo de capacidades. Una autoridad se afianza
cuando logra generar posibilidades de expresión de las capacidades de los
otros.
Graña Montero y las disputas de
poder
Licitaciones y ejecución de
obras canceladas al final perjudican a los usuarios
De un tiempo a esta parte la empresa
Graña y Montero ha tenido problemas por licitaciones que a última hora han sido
canceladas por el gobierno. El origen de estos inconvenientes, sin embargo,
tendría más motivaciones políticas y enfrentamiento de poderes que cuestiones
técnicas. Veamos por qué.
Según información que aparece en su página web, uno
de los vicepresidentes es nada menos que José Graña Miró Quesada, quien también
aparece como Director de la Empresa Editora El Comercio S.A, Prensa Popular
S.A. Servicios Especiales de Edición S.A., Mexichem Amanco Holding y Banco de Crédito
del Perú.
El vínculo de José Graña con El
Comercio es el punto de quiebre de la relación de la empresa constructora con
el gobierno y específicamente con Nadine Heredia, quien en su condición de
comunicadora considera que el presidente Ollanta Humala viene siendo víctima de
una campaña de desprestigio por parte del decano de la prensa nacional. Esta
pugna parece hacer que en el MEF sean especialmente rigurosos cuando se trata
de Graña y Montero. Veamos tres casos:
EJE VIAL JAVIER PRADO-FAUCETT
En noviembre de 2013 se anunció que a
finales de 2015 se iniciaría la construcción del eje vial Javier Prado-La
Marina-Faucett, que unirá el distrito de La Molina con el Callao. Solo faltaban
los vistos buenos del Ministerio de Economía y la Contraloría General para
firmar el contrato de concesión con Consorcio Javier Prado conformado por Graña
y Montero y la francesa
Vinci.
El proyecto, que demanda una inversión
de US$890 millones, incluye la construcción de una vía de 20,5 kilómetros desde
el óvalo de Huarochirí hasta el cruce de las avenidas Venezuela y Faucett.
Además, contempla un tramo subterráneo de siete a ocho kilómetros, en San
Isidro y La Molina.
El contrato debía suscribirse el
primer trimestre de 2014, pero en octubre de ese año el MEF respondió a la
Municipalidad de Lima declarando nulo el proceso. El entonces jefe del gabinete
de asesores del MEF, Alonso Segura, dijo que por tratarse de una asociación
público-privada se debía presentar el sustento de ingresos, el de costos y la
matriz de riesgo para el Estado, antes de iniciar las obras.
El presidente del Comité Especial de
Promoción de la Inversión Privada, Luis Guiulfo cuestionó la decisión y dijo
que los estudios que exige el MEF están previstos hacerse durante la ejecución
del contrato. Lo cierto es que la construcción del eje vial, que tiene 17 años
como proyecto, fue rechazado y tendrá que seguir esperando para su ejecución.
RECAUDO DEL CORREDOR AZUL
Otro caso que ha generado
cuestionamientos es el referido al recaudo del Corredor Azul. Protransporte, en
la gestión de Luis Castañeda Lossio, decidió convocar una nueva licitación para
adjudicar el sistema de recaudo del Corredor Azul, dejando sin efecto el
proceso a través del cual se había otorgado la buena pro, el 3 de octubre del
2014, al Consorcio Recaudo Lima, integrado por Graña y Montero (GyM) y GMD.
Ello debido a que no contaba con el
visto bueno del MEF. La Municipalidad de Lima hizo llegar el contrato de
licitación al MEF el 16 de octubre, pero este evitó pronunciarse y ante ello
ProTransporte decidió retraer el proceso y convocar nuevamente a los postores
de la licitación.
MASIFICACIÓN DE GAS EN PIURA
El más reciente de los casos tiene que
ver con la concesión para masificar el gas natural en Piura, que estaba siendo
disputada por la empresa peruana Sechura Oil & Gas y la colombiana
Promigas. El Ministerio de Energía y Minas (Minem) decidió anular el concurso
pese a las protestas de esas empresas.
Jorge Pérez-Taiman, asesor de
Promigas, consideró que el fallo los había perjudicado. Dicha empresa fue
eliminada del concurso en octubre pasado, pero presentó una apelación en
noviembre. El viceministerio de Energía debió resolver esta queja, pero no lo
hizo para evitar la judicialización del proceso.
Promigas quedó en el camino tras
presentar información tarifaria incorrecta en uno de los 13 ítems evaluados por
la Dirección General de Hidrocarburos: el correspondiente al precio promedio
ponderado en boca de pozo. Sin embargo, apeló al advertir que Sechura Oil &
Gas (la empresa con la que competía) también había consignado información
incorrecta en el mismo ítem pero a ellos se les dejó corregir. “Se cometió un
error grande que ha violado el principio de igualdad", dijo entonces
Pérez-Taiman.
Sechura Oil & Gas tiene como
ventaja las reservas de su socio estratégico, Olympic, en el lote XIII-B. La
colombiana no posee reservas, pero sí los socios que le pueden proveer de gas
(como Petromont y Graña & Montero).
El especialista en temas de
hidrocarburos, Jorge Manco Zaconetti, consideró que el perdedor principal con
esta anulación del concurso es el consumidor de Piura que ve postergada su
expectativa por la masificación del gas. En realidad los grandes perdedores
ante estas disputas que bloquean los procesos y paralizan las obras, son los
ciudadanos a quienes van dirigidos los servicios.
Todo indica que en el ámbito
empresarial se está tomando muy en cuenta la participación de los medios de
comunicación. Recientemente fue despedida Martha Meier del grupo El Comercio
por disputas y presiones en torno a Yanacocha. ¿Será cierto que en este
posicionamiento de grupos de poder está terciando el Ejecutivo a través de
Nadine Heredia?.
Decir que la burguesía imperialista es
reaccionaria, es una redundancia.
El
odio visceral al comunismo, a la simple palabra y al concepto que encierra,
como lesiva a sus intereses de dominación y privilegios por una cantidad insignificante
de individuos ante el grueso de la población (Para unos el 1%, para otros el
0.1%), retrata la incapacidad ética de vislumbrar y desear un futuro de
igualdad y confraternidad humanas a nivel universal.
Ese
odio visceral convertido en doctrina y en razón política del estado
imperialista norteamericano, convertida en voluntad política de las
administraciones norteamericanas de turno, en contubernio con las burguesías
imperialistas europeas, determinaron la estrategia de aplastar a la revolución
cubana al costo que fuera necesario.
Les
era imprescindible que la vitrina socialista en América latina, mostrara
penuria, escaseces, la imposibilidad de garantizar la autarquía alimentaria y
de bienes de consumo para la población, que fuera percibido (de eso se
encargaría la propaganda masiva) como un modelo de desarrollo endógenamente
fracasado, incapaz de acumular bienes de capital y capital dinero suficiente
para cualquier emprendimiento.
En
el socialismo "real" hay cosas que las hemos analizado con menor y
mayor profundidad, pero lo que no hemos dicho lo suficientemente claro, es que
pese a ser un modelo fracasado (por la falta de democracia interna y mantener
la ley del valor), contribuyó a la supervivencia de la revolución cubana, que
le permitió, a pesar de la propaganda imperialista, ser reconocida como un
proceso civilizatorio que priorizó la educación, la salud, la
investigación especialmente médica, que logró índices impensables para países
pobres, que incluso superó a la de los países desarrollados e
imperialistas, que sus tasas de mortalidad infantil, de muertes maternas,
niveles de nutrición, empleo completo de la fuerza laboral, convertirse en
potencia deportiva en casi todas las ramas, fomento de la salud, prevención de
enfermedades y un largo etcétera.
Pero
es un hecho real que esta acción imperialista de bloqueo total, retrasó en
decenios la revolución latinoamericana. Cuba revolucionaria, faro de América
toda, es ejemplo de resistencia y lucha, de victoria ante las pretensiones
imperialistas ya reconocidas por el prócer José Martí, cuando en carta dirigida
a su amigo Manuel Mercado, antes de morir asesinado por una bala española, en
el combate de Entre Ríos expreso: "Ya estoy en peligro de morir, de
intentar con la independencia de Cuba, impedir que se extienda sobre las
Antillas y con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de américa. Cuanto hice y
haré es para eso"
El
imperialismo ajustó cuentas de sus contradicciones en la primera guerra
mundial, la "paz" conseguida a costa de la humillación de Alemania y
el triunfo de la revolución bolchevique, preparó las condiciones para una
segunda y desvastadora guerra que, perseguía la destrucción de la URSS,
teniendo como consentimiento distractor, el fortalecimiento económico y militar
del régimen nazi instalado. A la derrota del fascismo alemán e italiano, siguió
la protección del régimen fascista falangista en España y la instalación
de la llamada guerra fría, el desarrollo exponencial del
complejo industrial-militar de los Estados Unidos de Norteamérica, la
formación de la OTAN. El triunfo de la revolución china y de la revolución
cubana, la derrota del imperialismo francés en Vietnam, son los antecedentes
directos de la implementación de dictaduras militares en América latina y de la
guerra de Vietnam.
Lo
que se considera una simple consigna "El imperialismo es un tigre de
papel" proclamado por Mao Tse Tung, ejemplifica de manera concreta la
imposibilidad concreta del imperialismo de imponer su dominio en determinadas
circunstancias históricas concretas.
La
burguesía imperialista mundial, sueña (lo que no es dialécticamente imposible
como lo demuestra el colapso del campo socialista), con saltos atrás de la
historia. Sin saberlo, tiene razón dialéctica, pero así mismo, es ciega, al no
considerar que la historia humana que aparentemente avanza de manera suave,
ordenada, legal, produce saltos gigantescos hacia adelante.
La
tesis fundamental de la dialéctica marxista consiste en que todas las
fronteras, tanto en la naturaleza como en la sociedad son relativas, variables,
que no existe ni un solo fenómeno que no pueda, en determinadas condiciones,
transformarse en su antítesis.
Lenin al
analizar las fuerzas que se mueven en la lucha de clases, anunció: "es la
era del imperialismo y de las revoluciones proletarias". Pero como la
dialéctica señala, tanto en la naturaleza como en la sociedad no existen
fenómenos irreversibles, de allí que en el presente constatamos que la lucha de
clases a nivel universal se ha retrotraído a la era de la insipiente revolución
social.
La
hegemonía imperialista, está siendo contrastada por la multipolaridad en todos
los órdenes, conserva el imperialismo el hegemón militarista (El presupuesto de
guerra de los Estados Unidos de Norteamérica, es superior a la suma total de presupuesto
militar de todos los países del orbe).
La
lucha de clases universal, el enfrentamiento entre los estados nacionales
oprimidos por el capital financiero, la resistencia y el enfrentamiento de los
estados nacionales oprimidos por ese capital financiero es inevitable. Y esa
resistencia y lucha crece, se multiplica y va madurando, se fortalece de a
poco, condicionada por el desarrollo desigual económico y político--una ley del
capitalismo y del capitalismo imperialista, descubierta por Lenin--, base de
las formas y contenidos en que el movimiento revolucionario mundial, de cada
país, se fortalece. De allí que es más que ridículo "celebrar" la
idea de que "no estamos en una época de cambio, sino en un cambio de
época", consigna que es un divertículo, una distracción semántica, para
desvirtuar la realidad: Es la época del imperialismo y de las revoluciones
proletarias.
Igual
se podría haber dicho por cualquier majadero, que hay novelas de
pasiones y pasiones de novelas, en que toda la claque de oportunistas
hubiesen celebrado esta "genial" idea, carente de contenido de clase,
una forma velada de anti comunismo.
Observamos
que muchos gobiernos de Unasur, trabajan en el supuesto falaz de un
programa nacional burgués de "la democracia existente", cuando en
realidad la lucha contra el capital financiero sólo es posible oponer,
contraponer, la lucha contra la burguesía, pues de lo contrario, sería
imposible un serio progreso civilizatorio.
La
lucha de clases es el mejor remedio para eliminar a la burguesía, pero ésta
fórmula general correcta, es demasiado general, por lo que es necesario
aterrizar en cada situación concreta. Por un momento, veamos a Ecuador. No
desde el punto de vista teórico, sino desde la práctica, este postulado
general.
Independientemente
de las falacias de las encuestas a favor del régimen y de la popularidad de
Correa (la última lo sitúa en el 79% de preferencia), ¿Es cierto que toda la
sociedad burguesa, incluyendo al campesinado y al indigenado, está a favor del
gobierno?
Veamos:
por lo menos una mayoría del campesinado rico y mediano (en realidad
capitalistas que han hecho de la agricultura su negocio), y una parte
considerable del campesinado pobre (jornaleros, aparceros, dueños de
propiedades pequeñas), están bajo el hechizo de Correa.
Por
otro lado la clase asalariada no obrera, los estudiantes, la casi absoluta
mayoría de intelectuales (pese al resentimiento de profesionales
médicos, abogados, etc.), están igualmente hechizados, básicamente por tener
sueldos y salarios asegurados, con mayor o menor remuneración, que los libra de
la penuria diaria.
Los
obreros organizados (incluyendo a los sindicatos católicos), reclaman derechos
y preservar sus conquistas laborales, la política sindical dirigida contra el
gobierno y no contra el sistema, contra el estado.
La
clase política, tanto representante de los empresarios y banqueros, como la
representante de las organizaciones sociales, (éstas últimas en lucha contra el
encuadre y control social autoritario), ambas en lucha por procurarse espacios
de decisión y participación dentro del estado. Todas las facciones están de
acuerdo en respetar el legalismo.
Pese
a haber copado todas las instancias institucionales del estado ecuatoriano,
PAIS, el partido del orden burgués de los negocios, tomando en consideración
"lo económico", así como el peculiar factor político, presenta en
esencia, no en la forma, una carencia de vitalidad interior, no es reconocido
como una organización política del estado burgués, a lo sumo, una impronta pasajera
e incómoda, sindicatos débilmente vinculados de unas cuantas camarillas de
parásitos y vividores sociales. De allí la lucha por las consultas populares,
la aparición de antiguos partidos políticos con otras escarapelas, la incursión
casi febril para la campaña electoral, desde hace tiempo emprendida por ellos y
por el propio gobierno.
El
terror del gobierno (como de todo estado burgués), es la resistencia y
combatividad de las masas, las huelgas, manifestaciones y marchas numerosas,
paros, etcétera, que son parte de la lucha de clases. Y la experiencia secular
demuestra que la abnegada lucha de clases, da dignidad, el heroísmo
y la fuerza moral de las masas populares, en realidad de toda la sociedad,
despierta su inteligencia, los culturiza y educa, en la lucha contra sus
opresores. Todo gobierno burgués ( y el de Correa no es la excepción) tiene
como receta predilecta, encasillar a los trabajadores en su
"legalismo", todo lo demás, lo declara sencillamente como terrorismo,
sabotaje y atentado contra la seguridad del estado. Sabe que las leyes están a
su favor, no hay posibilidades para individuos u organización, de obtener algún
triunfo significante.
Pese
a toda la maraña de mentiras, los subterfugios patrioteros y diplomáticos, pese
a la exuberante y cansina propaganda, el movimiento obrero debe exigir la
inmediata abolición de todas las restricciones a los derechos políticos, la
ejecución ipso facto de las garantías constitucionales, del amparo
constitucional, la abolición de los articulados sobre tipificación (a
discreción y conveniencia del gobierno) de terrorismo, abolición de otras
antijuridicidades vigentes. sólo un pueblo libre puede con eficacia, contribuir
a la edificación de una sociedad mejor.
Los
obreros en sus marchas, deben de ilustrar al resto de las clases sociales,
desbaratar el montaje de una supuesta igualdad ante la ley, derivada y reflejo
de la supuesta igualdad entre asalariados y patronos; la supuesta reciprocidad
entre esclavos asalariados y patronos esclavistas modernos. Los obreros
deben explicar (ya que los intelectuales no lo hacen) de manera clara y
sencilla, que hoy se aplica la justicia distributiva, donde la idea de
magnitudes no proporcionales (trabajo y capital) hace imposible asimilar la
justicia a la igualdad. Si oponerse a la ficción de igualdad burguesa implica
ser calificado por el gobierno y por el estado burgués, de terrorista,
saboteador y atentar contra la seguridad del estado, los obreros deben
advertirles claramente que la venganza obrera está en camino, que parece
retrasada, pero que está en camino y llega y llegará.
Los
"teóricos burgueses, los "teóricos" gobiernistas, los
periodistas burgueses (para que hablar de los jueces), en su mayoría, no están
para establecer la verdad teórica, sino para salir por la tangente, borrar sus
huellas y embaucar a los asalariados. Los intelectuales del gobierno, se
esfuerzan para dar de lado precisamente lo que es controvertible: el
autoritarismo, el estado como gran Leviatán controlador y decidor de
culpabilidad o inocencia; las trabas a la libre expresión y manifestaciones
organizadas de la sociedad civil, la denigración de la dignidad humana y de la
opinión contradictoria; la aplicación de la ley terrorista y de sabotaje,
etcétera. Movería a risa sino fuera tan grave y triste a la vez. Y guardan
silencio precisamente sobre esto. Razonan así: Correa ya ha ganado, ya tenemos
presidente, por eso, no vienen al caso las cuestiones políticas. Semejante
teoría apolítica es profundamente hostil al marxismo.
En
presencia omnímoda del capital financiero, proponer un programa de
desarrollo "nacional" aunque sea burgués, en sí, es reaccionario,
retrógrado. En la época imperialista, los estados nacionales existen
exclusivamente como símbolos morales, como entelequias y son usados exclusivamente
por el capital financiero global para facilitarse el gobierno de las
poblaciones. Cuando hablamos de defender la democracia burguesa y luchar por el
socialismo, lo hacemos en el sentido universal, en el entendido de la
existencia de un obrero universal y de un capitalismo imperialista global.
"La
Patria ya es de todos", es una falacia, la Patria para los obreros es la
humanidad toda. Cada obrero en cada país, es un combatiente local
interconectado con el ejército proletario mundial. La lucha de clase se
desarrolla a escala ecuménica, y, debido al desarrollo desigual económico
y político de las naciones, la lucha local debe adaptarse a las singularidades
de cada país, como expresión de la lucha general entre trabajo y capital.
El
gobierno de Correa puede aún, debido al atraso económico y político, maniobrar
en la estrategia y táctica burguesas de embrutecimiento de las
masas.
En
el caso de Venezuela las condiciones son distintas. La burguesía se hace la
tonta y con aire de lenguaje catedrático equipara, iguala, la situación de
Venezuela con Ecuador.
Hoy
en la Venezuela bolivariana, existe un proceso de crisis revolucionaria, existe
un estado intermedio entre revolución triunfante y revolución derrotada. La
lucha entre revolución y contrarrevolución es inocultable, es abierta, clara,
determinante. Desde el punto de vista teórico y práctico, plantear el
socialismo "por etapas", en "paz", es imposible, en el
imperio del capital financiero global. Es sencillamente imposible sin una
guerra civil contra la archi reaccionaria y criminal burguesía, que condena al
pueblo a indecibles calamidades. Pero la guerra civil (una de las
manifestaciones de la lucha de clases) no se puede "fabricar" ,
al igual que no se puede "fabricar" una revolución.
Hoy,
existe en Venezuela bolivariana, una especie de semi revolución. Una lucha de
clases irresoluta, que puede terminar con la victoria o la derrota.
Es
necesario tomar acciones sistemáticas, consecuentes, prácticas, abiertamente
realizables, cualesquiera que fuese el ritmo de desarrollo de la crisis
revolucionaria, la condición básica es que tienda a madurar el proceso
revolucionario.
Nacionalizar
la banca, fundir todos los bancos en uno solo. Nacionalizar el comercio
exterior. Depuración del PSUV. Lucha contra la corrupción y enriquecimiento
ilícito. Abandono total del proceso pacífico que fortalece a la burguesía y
debilita al proletariado.
El
mérito de Chávez, es haber proclamado un gran proceso histórico de importancia
gigantesca. Pero el desarrollo de la lucha de clases que implica la injerencia
del capital financiero, de los monopolios, de los estados imperialistas,
implica acciones que se enrumben al socialismo, es decir, hacia la dictadura
del proletariado, sin importar el nombre que se le de a ese proceso. La
proclamación socialista, implica un paso al frente de la multipolaridad. En
estos tiempos imperialistas, Chávez proclama como un programa
internacionalista y socialista. Chávez va más allá de la consigna "Patria
o muerte", proclama "Patria socialista y victoria".
Y
Chávez lo hace en medio de un mundo dominante de ideas
reformistas, rodeado de un mar de oportunistas y social demócratas (que es
lo mismo pero que no se escribe igual), rodeado por los tiburones oportunistas
tanto de izquierda como de derecha. Pero el programa de Chávez, contiene un
pequeño gran error. El planteamiento de socialismo por etapas, hecho en un
momento concreto, fue superado por el desarrollo del proceso revolucionario. El
planteamiento inicial, de aplicar un programa revolucionario desde el extremo
"más realista" "popular" y aceptable para la pequeño
burguesía, termina siendo, al no contemplar la situación concreta, por parte de
la dirigencia actual, después de la muerte de Chávez, algo así como un plan
para "ganar en astucia a la historia", ganar en astucia a la
pragmática burguesía y a los filisteos. Parece decir, si nadie puede oponerse a
la mejor manera de defender la verdadera Patria, y la gran Patria, la verdadera
Patria, es la democrática y socialista, la mejor defensa es una milicia, una
constitución, etcétera, este programa llevaría automáticamente a la etapa
siguiente, la revolución socialista. Para apreciar una lucha de clases
específica, las fuerzas motrices y dirigentes que la conducen, se debe tomar su
verdadero contenido social, por ejemplo, las "guarimbas" pretenden
restablecer el poder imperialista en Venezuela y de la burguesía local
venezolana.
Chávez
reivindica la democracia para el pueblo como valor a escala mundial y no
exclusivamente local. Es claro que, las distintas reivindicaciones de
democracia no son algo absoluto, sino una partícula de todo el movimiento
revolucionario mundial.
En
general, la democracia política no es más que una de las formas posibles de la
súper estructura en el capitalismo. Los hechos demuestran que tanto el
capitalismo (El escrito de Engels, El Po y el Rin), como el imperialismo se
desarrollan con cualesquiera de las formas políticas, supeditando todas ellas a
sus intereses.
El
proceso llevado a cabo en Venezuela, está en camino intermedio entre reforma y
revolución, dado que el reformismo no socava las bases del poder de la clase
dominante y en que representa únicamente una concesión a esta, pero conservando
su dominio. Un cambio revolucionario es aquel que socava las bases del poder.
La esencia del reformismo consiste en atenuar el mal, pero no eliminarlo.
Y el
programa de Chávez para nada es ideación de un solitario, al contrario, refleja
que tuvo y después de muerto tiene compañeros, habituados a pensar totalmente en
consignas revolucionarias (la consigna es en sí mismo un programa) y a educar
sistemáticamente a las masas, en el espíritu de esas consignas. El quid de la
cuestión, está únicamente en la claridad política y la fundamentación teórica
de las consignas revolucionarias.
Pero
este efecto no es un error personal de Chávez, sino del resultado de la
debilidad de todos los revolucionarios venezolanos enredados por todos los
lados en la vil maraña de la hipocresía stalinista y trotskista, de los
reformistas, la pedantería y la generosidad de bien pequeño burguesa, incluso
con los oportunistas de todo tipo. Pero la fase actual del proceso bolivariano
en Venezuela es otro: Es hora de proclamar a los cuatro vientos, ¡La Patria de
Bolívar, la Patria socialista está en peligro! y con ello barrer a la
burguesía, paralizarla, anularla, expropiarle todos los medios de producción,
incluso hasta indemnizarla con cómodas cuotas mensuales.